Con los años, el ADN acumula cambios químicos —la metilación— en sitios predecibles. Los primeros «relojes epigenéticos» usaban esos cambios para estimar la edad cronológica, con mucha precisión, pero con asociaciones débiles a moderadas con la enfermedad y la muerte.
Este trabajo de 2018 construye un reloj distinto: en vez de entrenarlo para adivinar la edad, lo entrena para reflejar una medida de salud basada en exámenes clínicos. El resultado se asoció con la mortalidad y con indicadores de salud más allá de la edad cronológica.
Qué conviene tener presente
Requiere un análisis de metilación del ADN, que no es un examen de sangre de rutina ni forma parte del panel de Basal.